La conquista Violeta de Tenerife

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Vivimos en un mundo globalizado en el que los bienes materiales no conocen fronteras, pero, tristemente, no podemos decir lo mismo de los “derechos fundamentales”.

A escala insular, esta ausencia de derechos se traduce en la desigualdad social que padecen determinados grupos de personas, normalmente vulnerables, como es el caso de la población infantil, que en Canarias registra unos niveles de pobreza que superan, con mucho, los valores registrados para el conjunto del Estado según datos de Unicef (https://www.unicef.es/noticia/canarias-la-cabeza-de-la-desigualdad-infantil-en-espana). Aunque es cierto que para medir la desigualdad no solo podemos hablar de la desigual distribución de la riqueza. Atendiendo a factores como la educación, la violencia familiar o el acceso a la salud, la sociedad tinerfeña continúa batiendo récords sociodemográficos extensibles ya no solo a las personas desempleadas, sino también a quienes a pesar de tener un empleo, padecen de tal modo la precariedad que también están en riesgo de verse condenados a la exclusión social. Ello explica que este grupo poblacional, antes relativamente a salvo de los efectos de la crisis, se haya visto obligado a solicitar ayudas para el alquiler, para la alimentación e incluso para el transporte.

Estas son las condiciones de vida a las que está sometida la mayoría social canaria, cada vez más alejada de los niveles de bienestar de los que sí disfrutan los que tienen la obligación de hacer frente a esta situación dramática, puesto que han sido elegidos como representantes electos con esa finalidad. Por surrealista que parezca, quienes nos gobiernan parecen haberse propuesto una meta macabra: hacer crecer sus emolumentos cuanto más fracasan sus políticas para reducir la desigualdad social.

Tenerife se merece otra política, una que parta de la mirada honesta de quienes representan a sus habitantes, con el compromiso de acabar con la corrupción y con la doble moral que plasma sobre el papel objetivos que nunca llegan a materializarse. Las personas y el medio natural en que estas desarrollan su vida tienen que ser la prioridad de quienes toman las decisiones, por encima de los intereses personales y de los egos de algunos. Si así fuera, el Cabildo tinerfeño no sería lo que es hoy en día: un club social patriarcal, donde las políticas están basadas en conceptos del siglo XX en que prima el género masculino en primera persona.

Hace falta profundizar en las realidades socioeconómicas de la isla en vez de reflexionar tanto en torno a las cuestiones banales que reproducen las conductas machistas. La institución debe de trabajar de forma horizontal y al servicio de la ciudadanía. Es la única manera para que el Cabildo funcione eficazmente y el presupuesto de 844 millones de euros por años con el que este cuenta, repercuta realmente en la vida de las personas que habitan en Tenerife.

Con todo ese dinero se podrían hacer muchas cosas, para empezar, llegar a los rincones de la Isla donde lo social, lo ambiental y la cultural aún suponen una brecha por su inaccesibilidad, sobre todo desde un punto de vista de género. Y qué decir de la recuperación del mundo rural y el aumento de la soberanía alimentaria y la convivencia, las políticas de empleo y auto emprendimiento o el gasto socio-sanitario, ámbitos todos que piden a gritos que se incorpore la variable feminista para que su incidencia sea realmente efectiva.

La clave principal para sacar adelante un proyecto político que genere cambios tangibles por la ciudadanía, que fomenten la participación social y también la sostenibilidad dependen de ello. Las políticas neoliberales de hoy en día responsabilizan a la mayoría de la población de problemas estructurales de los que no son, bajo ningún concepto, culpables, pero estos no van a solucionarse si las instituciones públicas no llevan a cabo las medidas políticas y socioeconómicas apropiadas. Por todo ello, el Cabildo es una institución clave para despatriarcalizar la política en nuestra Isla si lo que ansiamos, de verdad, es un cambio real, la conquista violeta de Tenerife.

María José Belda, candidata a la presidencia del Cabildo de Tenerife