‘De precariedades, grandes empresarios y otras cosas del querer’

Podemos Artículos de opinión

Hace unos días nos recordaron lo que lleva siendo nuestro pan de cada día desde que dieron por finalizada la crisis económica: que solo se puede llamar recuperación a lo que viven unos pocos.

Esta vez nos contaron que casi 9 de cada 10 nuevos contratos que se firmaron en Lanzarote en el mes de enero fueron contratos temporales. O dicho de otra forma, que apenas existen los contratos indefinidos en los empleos de nueva creación.

Esta información, que no llega ni a la categoría de noticia por lo poco sorpresivo del hecho, se enmarca dentro de la supuesta recuperación económica del sector turístico que Coalición Canaria lleva vendiendo desde hace ya un par de años. Una recuperación fantasma cuya bandera agitan ahora más que nunca, en vísperas de unas elecciones municipales y autonómicas que ya huelen a cambio.

Estos datos, que constituyen una verdadera catástrofe social, conviven por arte de magia con los mejores números que se recuerdan en el ámbito turístico después de 3 años consecutivos rondando los 3 millones de visitantes.

Podríamos hacer la lectura facilona de achacar nuestros problemas a que las personas que nos visitan vienen con menos dinero en el bolsillo y que el incremento de turistas no implique un aumento proporcional de los ingresos del sector, pero resulta que esto es incorrecto.

Según el Centro de Datos del Cabildo, el gasto medio por turista y día ha superado ya los 137 euros después de una escalada imparable desde 2010.

Nos enfrentamos a un interrogante enorme. Si cada vez vienen más turistas y se gastan más dinero, ¿por qué no vivimos cada vez mejor? ¿Por qué no tenemos cada vez mejores empleos? ¿Por qué tenemos los peores servicios públicos del estado? ¿Dónde están los beneficios?

Estas preguntas, que solo se responden en los despachos de algunos grandes empresarios, duelen especialmente a una generación como la mía, a la que lo peor de la crisis le pilló estudiando o dando sus primeros pasos en el mercado laboral.

Una generación que tuvo que erigirse como ‘la más leída’ como única forma de supervivencia. Nos duele y mucho que, después de sufrir el feroz desempleo juvenil y de ver a nuestros padres y madres hacer malabares para llegar a final de mes, nos arrebaten la ilusión de vivir con dignidad viendo como nuestro pequeño trozo de realidad se convierte en un parque temático abarrotado de alegres y sonrosados turistas que, según nos contaron, acabarían con nuestra sed.

La ecuación planteada sobre los ingresos del sector turístico no tiene nada de extraordinaria.

A nadie sorprende ya que un partido que lleva gobernando nuestra ‘patria chica’ desde 1993 y que no ha sido capaz de resolver ni una sola cuestión de corte social, que ha firmado los mayores desastres medioambientales y que ha protagonizado no pocos casos de corruptelas; se muestre totalmente indiferente ante la precariedad a la que nos condena este sistema económico centrado en enriquecer a un puñado de poderosos. Su prioridad es otra y, como se dice por ahí, no van a cambiar después de viejos.

Aunque por sensibilidad, la calidad de vida de mi gente es lo que más me duele, no podemos pasar por alto que este injusto reparto de la riqueza nos afecta a muchos niveles.

La falta de infraestructuras, por ejemplo, que nos convierte en una isla de tercera división y nos recuerda una vez más (es el tema más recurrente en los periodos preelectorales) que estamos obligados a llamar ‘recinto ferial’ a una carpa destartalada y sucia.

O el colapso del Hospital José Molina Orosa en cada temporada de gripes. O el más que deficiente servicio de transporte público. O la evidente falta de inversión en las políticas insulares de atención sociosanitaria. Y es que con Coalición Canaria y los empresarios que arropa, solo hay dinero para el autobombo y los pelotazos.

Si has llegado hasta este punto de esta reflexión tan obvia como intencionalmente silenciada, entenderás mejor por qué el Gobierno de Fernando Clavijo lleva toda la legislatura impidiendo el debate sobre la llamada ‘escotasa’ o Tasa del Turismo Sostenible.

Coalición Canaria sabe muy bien que, si se acaba el largo romance que mantiene con la clase empresarial a costa del bienestar de las personas que sustentamos el sistema a base de madrugones y salarios de miseria, significaría el fin de su hegemonía institucional.

Por suerte, mayo está a la vuelta de la esquina y volvemos a tener una oportunidad para apostar por proyectos que pongan por encima de todo a los que madrugan, a las que se dejan la espalda haciendo camas, a los que se caen de los andamios y, en definitiva, a toda la gente trabajadora de esta bendita isla.

 

Yurena Corujo

Candidata de Podemos Canarias al Cabildo de Lanzarote